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martes, 5 de febrero de 2013


Porque eres tan triste necesito el juego de tus manos
Acariciar esa tristeza y caer en esa breña
Llenarme la garganta del tierno musgo
¿Escuchas mi canto?
¡No despiertes!
Siente las dunas de mi sombra
Y llévatela lejos
Huye y se valiente
Cuéntale del sueño de la noche coral
De los secretos de la palabra inmatura
Y déjame a mí, cansada entre las esquinas
Abierta y roja entre lo oscuro de tu llanto
Se cuidarlo y también beberlo
Y aunque envenenada me ahogue
¡Incruento encanto sin sombra!
Ebria de nostalgia tendré que matar el último encuentro
Y si acaso se te posara en los labios
La cadencia de esta flor ruborizada  y embelesada
Rechaza su clemente soledad
Y así
Ambos,  los solitarios, irán de la mano
Entonces, se callado
se el desvarío de mi tiempo
¿Escucharás mi canto?
Y si no, ¿La lejanía de su eco?



viernes, 11 de enero de 2013

Laja de Kichou



Encuentro en la  manzana de su mejilla
Una pequeña brecha avergonzada 
Aproximo la noche con mi mano
Hacia aquella pincelada
Y la ensucio de un rojo escarlata
Con la  huella de mi pulgar amancillado
Es la tintura de mis labios
La que ha marcado su rostro
Como la carta de un amante chino

Y el olor triste de su risa
Se endulza con mi boca
Ahora la tinta chorrea en mi pecho
Sus penas caen, ruedan por mis senos
Y no hay nada más
Solo el arranque del encuentro
El canto adormilado
El incienso de su boca



Yorela B.


jueves, 7 de junio de 2012

El recuerdo




Nocturna y salina
ésta caída deja en cada una de las esquinas de mi habitación
trozos de mi piel que juraron nunca quedarse sedientos
Aquél corazón encajado en la tormenta 
deja derramar su sangre en mi espalda
perfora el sueño
la ternura 
y mi vientre 
que deshila su monte
en estas sombras violetas
en estas ocres mordidas a la nada
Y esta comezón del tiempo y la espera
de añorar la carne humedecida por mi palabra
sentirme cubierta por el fantasma de su pecho
saber de su tibia saliva curando heridas
 delirantes dolores
 irrisibles sentencias
Es así, desnudo y tremebundo horizonte ante mi rostro
ante cada latir mutilado por las noches que me han pisado
todas aquellas que han formado una laguna insípida 
y me han arrancado de su carne
 así con este lascivo palpitar he de regresar y encontrar la cura de este recuerdo asfixiado 
y lamer al fin cada paso, cada huella y cerradura de su cuerpo.
Yorela B.

domingo, 22 de abril de 2012

Incrédula y sumisa dejo que caiga tu ternura entre mis manos

Aquí he esperado desde que el alba nació de tus labios

Te invoco cada que el recuerdo muerde los míos

Y me baña la nuca tu espeso aroma del que espero inundarme un día

¡Yo espero! Espero paciente y cada que tu voz nombra a esta ingenua

Todos mis ardores se evocan a ti y aun así me petrifico con el olor de tus palabras y tus miradas

Así me transporto, curtida de aquellos impertinentes a los que les temes

Me encuentro tan trémula de esperanzas

¡Que tu tibio roce sea mío al fin y que, ¡Ay!, el tiempo se escurra entre este asfalto y que sea al fin la mañana en que nuestras sombras se junten y sumerjan la carencia entre el fango y los charcos.

Aquí espero

Aprendo a saberte, te dejo saberme

Y asciendo temblorosa entre tus sueños muertos

Para cantarte poemas que se tornen miradas furtivas

Sé esperar, sé encarcelar la locura de estos labios delirantes

Sé perder la locura de los días que llevo en la mansedumbre de mi agonía

Espero y te invoco de entre las sábanas y las aulas

De entre los pasillos y las siete de la mañana.

Yorela B.

sábado, 31 de marzo de 2012

Neblina en mis ojos.

¿Qué ha quedado de estos sorbos de alegoría?
¿Cómo de éste hermoso vértigo nos caímos al eco de mi garganta?
Ya he sentido entre mis falanges nerviosas tu corazón derramado y tremendo
¡Qué hambrientos esos días!
¡Qué sucios estábamos y qué necios éramos...!
Aún recuerdo avenidas, aires que escupían flores, pupilas que mostraban cielos oscuros
los cielos más hermosos y derramados sobre tu rostro desnudo
Esta imagen tan inmersa en mi pecho enlutado
se esconde entre las sombras asustadas de mi habitación
se recoge entre las sábanas y se cubre de cabellos enredados en mi nuca
Sin tregua se abaten en mi cuerpo los delirios del desencanto
azotan mis órganos y mi esencia se diluye entre mi decadente columna
¡Neblina en mis ojos!
¿Cuánto más sujetarán mis piernas esta condena infructuosa?
Que el caudaloso aroma dulce pronto vuelva a bañar mis pulmones
y que la sentencia no me aleje de ésta hermosa llama que se me presumía eterna
Yorela B.

lunes, 9 de enero de 2012

Él lleva consigo mi vestigio entre su muerte,
le he pedido que me lleve....

Así,alza entre sus brazos la feroz veracidad
Grita en mi nombre el suyo a pesar de que la hiel abrume nuestro camino
aunque aquél sofocante escenario intangible de la soledad me acecha
acaricia cual nube el cielo raso y cura con tormentas mis heridas
sabe del contorno y de las ensoñaciones húmedas y cóncavas que terminan siendo mujer
conoce el tiempo que tarda recorrer las falanges
ha probado el sueño y la ciudad
ha robado hambre y ha cepillado mujeres con cabellos tan largos como el mar.
Sueño con nombrarlo en cada suspiro, en cada voz y mirada
Y aunque aquél atrevimiento me despoje de todo cuanto me tenga sembrada de la tierra
Me arrancaré sin yerro alguno
y seguiré encendiendo el rostro de ebrio enamorado

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Frío de Luna

Me has sujetado del cuello como un cachorro perdido

me has ilusionado con efusivo amor

me besaste el sueño y despertaste el agua encandilada

Calmaste efluvio doloroso y me lanzaste a luchar contra el sol y la calle

Con dientes inmersos en el cuello de la suciedad

me arrojaste para colmarme de ideas nuevas, dóciles caricias

Pero ahora como insulsa guerrera

Acaricio el dolor de los meses

Al darme cuenta que sin tu dulce penumbra

el corazón se me desflora solemnemente

Como indiferente marcial

me miraste como se mira al suelo frío de Luna

Enternecido pero con altruismo

Sobaste mi rostro herido de lágrimas y lo llenaste de labios puros que aún juraban amor

Yo creyente de tan sutil dogma, me arrojé aquella imagen gloriosa que anhelaba

Aquél espacio fútil de la monotonía, aprendió a morir entre las almohadas y las sábanas

Y bien sabiendo que tu corazón era tan impío de la vida

Tan desesperante de tu tiempo

Amé tu susto de muerte

Y desde entonces, sueño de amor

Juro aguardar a cada latido

Antes de que la bruma le atenúe el

Y se agote esa árida belleza de tu corazón

Yorela B.